Once Were Warriors

Guerreros de antaño

Lee Tamahori dirigió en 1994 una película que, por su interés, logró hacerse un hueco en el cine mundial, más allá de su país de origen, Nueva Zelanda.

El pequeño país austral goza de una buena salud en estos últimos años gracias a películas como El piano, Marihuana o la propia Guerreros de antaño.

Ésta última trata, además, sobre un

tema estrechamente ligado al país co-

mo es la cuestión maorí.

La película es una adaptación de la no-

vela homónima (Once Were Warriors),

de Alan Duff, escritor maorí, compro-

metido con su cultura, no desde la fá-

cil condescendencia, sino desde una

crítica realista de la situación social de

los que fueron los pimeros pobladores

de Aotearoa (la tierra de la gran nube blanca).

La novela está publicada en nuestro país por Seix Barral, y es, ciertamente, mucho más cruda que la película, algo difícil de superar.

La familia formada por Jake, descendiente de esclavos, y Beth, descendiente de la nobleza maorí y sus hijos, ya no vive en las aldeas comunales, sino que malvive en los suburbios de Auckland, en un mundo de desempleo, alcohol y violencia, que se acerca mucho a la realidad del 10% de la población de Nueva Zelanda: los maoríes.

No queda ya demasiado del espíritu orgulloso y bélico de antaño. Y sin embargo, la película acaba transmitiendo un mensaje esperanzador, a pesar del sufrimiento y los desagradables acontecimientos.